jueves, 17 de marzo de 2011

CAZA DE JABALI AL ACECHO

jueves 17 de marzo de 2011

jueves 10 de marzo de 2011

CAZA DE JABALI AL ACECHO

CAZA DEL JABALÍ AL ACECHO.





De las diferentes modalidades para la caza del jabalí que existen, todas poseen particularidades que les otorgan un marcado estilo propio y que las hace únicas. Texto: Daniel Stilmann.







La selección de la técnica depende del tipo de terreno, la cantidad de cazadores, la participación de perros, las leyes del país y las preferencias personales del cazador.



Un animal como éste no llega a grande por descuidado. Cuando la cacería es uno a uno, las mejores chances para abatirlo las otorgará un buen aguardo, montado como corresponde.



Dejaremos aquí de lado las técnicas de caza corporativas tales como las batidas y aquellas en las que se emplean perros de rastro y agarre y concentrémonos en los lances en las cuales el cazador enfrenta a solas a su presa.



El acecho, aguardo o emboscada, la más común de las técnicas requiere paciencia, resistencia a las inclemencias climáticas y, por sobre todas las cosas, no es para personalidades ansiosas.



La caza con perros y cuchillo o con armas de fuego exige coraje, habilidad en el manejo del cuchillo y un buen estado físico, además de tener sólidas nociones de equitación en los casos en que se emplea caballería, mientras que el rececho, la forma menos común de cazar suidos, demanda astucia, conocimiento y persistencia. A pesar de sus diferencias todas ellas poseen algo en común; son apasionantes.



El acecho, el tópico que nos preocupa hoy, consiste en algo más que apostarse en el primer lugar de nuestro agrado, esperando que la suerte nos regale un padrillo de aquellos. Aguardar exige del cazador saber como, cuando y dónde apostarse, y en particular como sobrevivir las condiciones del aguardo, que puede ser prolongado, en ocasiones bajo condiciones climáticas adversas.



No cualquier lugar es bueno para armar un apostadero. Hacerlo, por simple que parezca, tiene sus secretos. No menos importante es el poseer una noción cabal de cuando y hasta cuando apostarse. A esto se le suma el hecho de que el jabalí es capaz de desplegar una asombrosa cantidad de trucos para evitar caer en una emboscada, trucos y mañas que el cazador debe conocer para poder anticipar sus movimientos y evitar el esquinazo.





USANZAS Y MODALES DEL JABALÍ.





Comencemos analizando el comportamiento de nuestro invitado de honor, el jabalí, responsable por más de una noche de frío y ansiedad en tierras inhospitas.







Basados en su comportamiento, intentaremos diseñar una estrategia de caza coherente.



Clásico cebadero montado con maíz sobre una pequeña charca. El apostadero sobre uno de los árboles en el fondo es apenas perceptible.



Sus scrofa, jabalí, macareno, guarro, puerco, jabalín o simplemente chancho, como se lo conoce en distintas latitudes, es un animal lleno de virtudes. Entre las más notorias tenemos las siguientes; taimado, rencoroso, paciente, audaz, ágil, tozudo, inteligente, valiente y desconfiado, pero por sobre todas las cosas, con un olfato y oído como para hacer palidecer los nuestros. De lo único que carece es de una visión nocturna de águila, pero se supone que la diurna no es tan mala como se suele decir.



Su hábitat preferido es el de los montes bajos, de hojas caducas, achaparrados y sucios por debajo. En este lugar el jabalí es rey, pero no desprecia otras áreas inaccesibles y de poca o ninguna densidad humana como los bajíos y cangrejales, donde se alimenta de bulbos de plantas acuáticas, crustáceos y peces.



En este tipo de territorios encuentra protección durante el día, al igual que comida. Si dentro del monte existen fuentes de agua es probable que el animal nunca abandone el lugar. Si lo hace será de noche, y sólo por motivos valederos para él como comer, beber, asearse en un revolcadero ó por la presencia de una hembra en celo. Estos dos datos deben de ser tenidos muy en cuenta, ya que forman los pilares de la estrategia de la caza de acecho.



El peso del jabalí en Argentina no supera los 120 kilogramos, que es el peso máximo de sus antecesores españoles, de dónde deriva. El peso promedio de un macho puro y bien desarrollado ronda los 90 kilogramos. Cuando el limite superior es excedido significa que probablemente no estamos en presencia de un animal puro, si no de un mestizo producto de la cruza con cerdo domestico, lo cual ocurre con frecuencia, y que se conocen con el nombre de Sus Scrofa Domestica.



Estos animales son comunes en el área de la costa bonaerense de la Bahía de San Borombón, por lo que se los denomina chanchos costeros, y tambien en la zona de Gualeguaychu, Entre Ríos, pero se los puede hallar en casi todo el territorio argentino y han sido reportados ya hasta el otro lado de la frontera con Brasil.



Suelen alcanzar verdaderos records de peso y tamaño de defensas, superando los doscientos kilogramos, pero es casualmente ese peso, y los colores anormales de su pelaje, que puede presentarse hasta con manchas, lo que delata su origen mestizo.





HÁBITOS DE ALIMENTACIÓN.





El jabalí es un verdadero omnívoro capaz de ingerir raíces, bulbos, frutas de cualquier tipo, granos de trigo, maíz, cebada y avena, hortalizas y otros animales, vivos o muertos, incluyendo insectos, víboras, peces y crustáceos.







Esto debe de ser tenido en cuenta en todo momento, ya que todos aquellos lugares donde se encuentren estos potenciales alimentos son aptos para montar un acecho.



Apostadero aéreo rústico apto para cérvidos y suidos. Las paredes laterales son importantes para ofrecer alguna seguridad al cazador, y para minimizar sus movimientos.



La evolución del color de pelambre del jabalí es la siguiente. Hasta los seis meses de edad presentan un color rojizo a rayas blancas, color del cual deriva el nombre de rayones. Luego sus cerdas se van tornando rojizas, y al año pasan a ser lo que se conoce como bermejos. De allí en mas su pelambre comienza a tornarse mas obscura hasta alcanzar su color definitivo que puede ser negro, marrón obscuro, gris con la punta de las cerdas mas claras o de una tonalidad color canela. En todos los casos las cerdas del lomo son mas obscuras que las del resto del cuerpo.



El diseño anatómico del jabalí le da la apariencia de un robusto cilindro de punta cónica montado sobre cuatro fuertes y cortas patas, con un poderoso tren delantero y anchos hombros, rematado por una aguda jeta. Todo el conjunto se halla recubierto de una piel gruesa y resistente en comparación al tamaño y peso del animal.



La mayoría de los cazadores tiende a pensar que el jabalí presenta una resistencia anormal al impacto, lo cual es un error. Sí bien los machos presentan un engrosamiento de la piel en la zona pectoral, del cuello y de los hombros, el mismo es incapaz de oponer una resistencia coherente a cualquier proyectil moderno. El jabalí esta considerado desde el punto de la caza mayor como un miembro mas del grupo de los animales de piel blanda y no peligrosos.



Si bien este adefesio de la naturaleza nunca ganará premio alguno en concursos de belleza, su extravagante diseño es muy conveniente para lograr un desplazamiento rápido dentro de lugares sucios. Cuando es necesario cubrir terreno sucio rápidamente, el jabalí simplemente busca los matorrales más densos y si es posible con espinas, apunta hacia delante y horada una túnel, dejando atrás, cansado y malherido, a cualquier perseguidor, ventaja que emplea sabiamente buscando las zonas más impenetrables para residir. Por ello, y porque rara vez se deja ver durante el día, intentar atraparlo al rececho, o de a pié y sin perros en estos lugares tiene un destino incierto, por no decir que es una pérdida de tiempo.



El jabalí tiende a desplazarse siempre bajo cobertura y con las sombras. Su estrategia consiste en moverse despacio, utilizando en todo momento el viento para detectar el peligro, y con su oído funcionando en el máximo grado de alerta. En estos dos sentidos esta basado su sistema de detección del peligro, ya que si bien su visión diurna no es mala, la nocturna deja mucho que desear.



Siempre se dijo que los suidos poseen una mala visión. Ultimamente se ha cuestionando esta idea, y se piensa que la visión diurna de estos animales puede ser similar a la del humano.



Esta estrategia de detección del peligro y evasión, si bien altamente efectiva, presenta puntos vulnerables; el hambre y/ó el deseo sexual, y el hecho de que el jabalí depende de la emisión de olores ó sonidos por parte de sus enemigos para poder detectarlos. Y estas fisuras son las que se pueden aprovechar a favor. Pero para ello es preciso poder atraerlo hacia un lugar abierto utilizando algún señuelo, donde la ventaja visual esté de lado del cazador, apostándose fuera del alcance de su olfato y oído.






10 CONSEJOS PARA EL CAZADOR DE CONEJO

10 consejos para cazar conejos en verano
En muchas áreas de caza se ha constatado en los últimos meses un aumento notable en las poblaciones de conejos, con una extraordinaria capacidad repobladora en zonas concretas, caso del sur de Córdoba, donde los daños a la agricultura son muy importantes, y donde este año se ha acusado en gran medida en los viñedos. Como ahora estamos en periodo hábil para cazar conejos, en esta temporada conejera de verano cada vez más habitual y extendida, no está de más pensar en algunos consejos para poder sacar un partido, suficiente a cada una de nuestras salidas al campo, con la escopeta y cartuchos suaves.
¡Al campo!, por fin llegó la fecha esperada para poder salir a vivir las primeras  jornadas de caza de esta nueva  temporada, y lo vamos a hacer con los conejos, en unos lances vibrantes, siempre inesperados, vibrantes, atractivos y muy dados al disfrute visual por el entorno en el que vamos a cazar, y por hacerlo habitualmente en las horas menos calurosas del día.
Aquí no salimos a «recolectar» conejos, sino a abatir los que el campo, buenamente, nos proporcione en cada jornada.
Tres modalidades protagonistas en esta primera fase de la temporada, recechos, esperas y caza al salto, van a llevarnos a unos parajes o a otros, buscando la llegada al tiradero de unos cuantos conejos que regresan de sus correrías nocturnas, acercarnos a los que se solean a primera hora en el borde del monte con el llano o tirar a los que se arrancan a nuestro paso.
Y por supuesto, la caza de conejos en verano con nuestros canes, donde excelentes perros de muestra van a dejar claro que tirar media docena de conejos  a perro puesto es un verdadero lujo.  Aquí van, pues, diez consejos, para cazar mejor en estas próximas salidas.
1. ¿Cuántos? Los que el campo diga
Muchos aficionados piensan que la temporada de caza en verano, o de desconeje como se conoce popularmente en muchas zonas, supone lograr grandes perchas a costa de los conejos nuevos y poco castigados por perros y cazadores, que suelen salir fácilmente de cara a un disparo productivo.
Aquí cabe un consejo que creo es bastante práctico: no salgamos con la idea fija de lograr un mínimo de tantos o cuantos conejos, esto hace que arriesguemos los disparos cuando no saltan como quisiéramos, hiriendo conejos que luego resulta complicado cobrar. Nunca pasemos de los conejos a los que podemos tirar a buena distancia y en buenas condiciones, no queramos hacer piruetas con los disparos, ni parar conejos a toda vista fuera de tiro. Aquí no salimos a «recolectar» conejos, sino a abatir los que el campo, buenamente, nos proporcione en cada jornada.
2. Cazar despacio siempre atentos
Gran error caminar, paseando por el campo, pensando que el conejo va a salir siempre pisado, en la mata mejor orientada, y ante un claro cómodo para el disparo. O cazamos, o paseamos, pero no siempre estas dos opciones se llevan bien cuando lo que buscamos es llevar unos conejos a la percha.
Ya sabemos que de casualidad, un conejo se arranca donde menos te lo esperas, y que incluso ese día que estás cazando distraído, con la cabeza en otro sitio, te cuelgas media docena como quien no quiere la cosa, pero la intención y estar centrados resultan indispensables para poder sacar partido a la temporada veraniega del conejo. Importante es cazar a ritmo lento, no como solemos hacer muchas veces, que parece que llevamos un bando de perdices delante en una ladera en noviembre. Cazando conejos ahora hay que darse prisa cuando la zona es intrincada, con caras escasas de vegetación, y dependemos de las asomadas que ya conocemos, entonces no hay que perder tiempo y elevar el ritmo.
3. Dominar el tiradero
En línea con los comentarios anteriores, hay que insistir en que no hay que decantarse por pasear, por visitar zonas «bonitas» y esperar a que un conejo salte cerca. Podemos dar un paso más, y analizar rápida pero efectivamente un paraje determinado antes de entrar a cazarlo, pues en esta caza es fundamental «ver» el cazadero, y acertar con los disparos. Por ello hay que buscar zonas desde donde controlemos a los conejos que se mueven por lo más bajo, o a los que despacio se van escurriendo hacia arriba, pues las matas a veces nos dejan ver de arriba hacia abajo, pero resultan más problemáticas si vamos cazando por abajo en una zona de ladera o alguna pendiente.
Cada paraje tiene su tiradero, y debemos situarnos de la mejor manera posible para controlar los claros y los pasillos en el monte, y las parcelas de brozas en el llano, pues por ejemplo, avanzando justo por una lindera controlamos a derecha e izquierda, pero si vamos a quince metros de esa misma lindera, los conejos que se muevan por el otro lado se irán sin que los descubramos.
4. Tirar a buena distancia
En la temporada de caza de conejos en verano casi todos solemos tirar precipitados y dominando poco las distancias en las primeras jornadas. Y eso quienes cazan varios días, porque quienes a lo sumo salen a cazar en un par de ocasiones en estas fechas —cacerías contratadas—, no llegan a coger bien la distancia ni el ritmo de tiro que esta pieza exige. Nunca nos precipitemos. Raro es que estemos cazando en una zona tan enmarañada como para tener que tirar súper rápido: encarar mal y aculatar inadecuadamente hace que fallemos «inexplicablemente» y esto redunda en los siguientes lances, fallando mucho más de lo normal.
Los conejos que se nos arranquen a media distancia dan un momento para encarar y enfilar bien la pieza. Lo demás es adelantar lo justo, poco, pues no suelen ir muy rápidos, y disparar. Así que nada de tirar con la cara levantada ni tres disparos en ráfaga sin sentido. Un disparo bien realizado es un conejo abatido, y tenemos tiempo sobrado casi siempre.
En esperas y recechos hay que tirar siempre a distancia lógica, nada de ensayos a larga distancia, pues herimos a más de uno que no podremos cobrar. Recechando hay que abusar de los chokes más bien cerrados para asegurar conejos algo largos —no está de más montar ** y * en escopetas de dos cañones, ** en semiautomáticas—, y en las esperas, calcular bien la distancia entre el puesto o escondite, y la «plaza» donde entran los conejos, procurando levantar un poco la punta del cañón para evitar tiros rastreros y bajos por asomarnos en exceso al apuntar a un conejo casi quieto.
5. ¿Seleccionar el conejo?
Deberíamos hacerlo siempre, y ello por varios motivos; veamos, si cazamos para evitar mayores daños a la agricultura, mejor abatir los conejos adultos que los gazapos, ¿no? A la vez, si cazamos de forma lógica, con un cupo o con el criterio de que debemos dejar suficientes conejos en la zona para el resto de la temporada y para garantizar una buena densidad, ¿a qué viene abatir esos gazapos pequeños que a veces vemos en los cinturones o al vaciar el morral?
A este respecto hay quien dice que cuando un conejo se te arranca, no sabes si es grande o pequeño, tiras y ya está, pero no es así. Es como quien dice que no puede diferenciar, en la media veda, una codorniz de un pollo de perdiz... Hay que cuidar y fomentar una buena ética cazadora.
Cazando al salto se aprecia perfectamente el tamaño de los conejos, cabe la salvedad de que tiremos en zonas muy cerradas de monte bajo y viendo al conejo cruzar entre las matas, sin ver su volumen real; pero quitando estos casos, en una parcela en el llano, o cazando en una ladera o en bancales, se ve claramente el conejo y su tamaño.
En una espera no hay nada más que decir, se sabe a la perfección a qué conejo debemos tirar. y de hecho, en más de un caso se mueven dos o tres juntos, y vemos cómo tienen diferente tamaño, debiendo apuntar siempre al más grande; recechando ocurre igual, si queremos no hay problema alguno a la hora de diferenciarlos.
6. Atentos a laderas y bancales
El monte depara más oportunidades de lo que muchos piensan, pues de forma a veces equivocada hay bastantes cazadores que cazan solamente el llano en estas fechas de verano, huyendo del monte por dos motivos: por la dificultad del disparo con las matas, y porque hay que estar subiendo y bajando...
El monte bajo, la falda de un cerro, la ladera de una sierra, ir repasando la franja del monte que linda con los cultivos o con el llano, depara lances vibrantes y muy variados que a menudo nos pueblan la percha con cuatro o cinco conejos logrados a base de tesón y conocimiento del cazadero.
La ladera siempre hay que cogerla con la brisa de cara, procurando no hacer ruido en exceso, atentos a primera hora a los conejos que se muevan solos, sobre todo por la zona más baja, pues aún no estarán encamados; más tarde será buen momento para repasar las vaguadas donde se meten a sestear en retamas y aulagas, pues tiraremos a muy buena distancia, debiendo repasar el cazadero lentamente. En zonas de bancales hay que ir avanzando muy atento para poder controlar el tiradero de los bancales inferiores, pues de los más altos tendremos poca perspectiva. Como mucho veremos a algún conejo arrancarse hacia arriba, y nos dejará tirar en la subida entre un bancal y otro.

7. Cazando en la sombra
Esto suena a media mañana, a un calor espantoso y a unas ganas locas de beber agua fresca, ¿verdad? Pues no, a media mañana los buscaremos donde están encamados, no donde a nosotros nos gustaría refugiarnos...
Hay que aprovechar las zonas de umbría a primera y a última hora, pero sobre todo por la mañana, ya que los conejos aquí aguantan más tiempo antes de encamarse en zonas complicadas, y nuestra presencia se disimula mucho mejor que en las zonas soleadas. Pensemos que con acierto en la indumentaria, nos confundiremos con el entorno en cuanto nos detengamos en una cara de sombra eh una ladera, atentos a los conejos que se muevan cerca.
Entrando temprano por lugares donde hay majanos, hay que aprovechar cuando el sol no ha arrancado aún, pues luego será difícil encontrar conejos fuera. Es algo que también ocurre en las parcelas de olivares, ya que en cuanto el sol aprieta, se sube y las chicharras comienzan su concierto, los conejos reculan en los chuecos, y tiraremos pocos.
Por la tarde conviene repasar las zonas metidas en sombra que lindan con los cultivos, pues muchos conejos estarán sesteando cerca, y se comienzan a moverse para entrar a comer al rato, por lo que aprovecharemos más lances que en pleno monte. Igual ocurre con los arroyos, si podemos cazar en paralelo y amparados por una zona donde no destaquemos, tiraremos más conejos que si vamos a la vista de ellos.
8. El arroyo, en mano
Los arroyos y las linderas con tarayes y otros arbustos tienen siempre conejos, esto está claro, y basta recorrer de forma previa a la apertura de la temporada las zonas aledañas, sobre todo si están sembradas, para percatarnos de la cantidad de daños que ocasionan los rabicortos por allí.
Tanto si cazamos sin perros, como si lo hacemos a partir de la fecha en que su ayuda se autoriza, los arroyos siempre hay que cazarlos en mano, con otro compañero, siempre que los arbustos tapen el tiradero del otro lateral, pues hay arroyitos pequeños que tienen conejos, y se pueden cazar por una sola escopeta.
No resulta conveniente ni prudente, cazar solo por un lateral del arroyo cuando no vemos la salida de los conejos hacia el otro lado, pero hay un pequeño truco que funciona bien, sobre todo a primera y a última hora del día: cazar retirados del arroyo, primero un lateral, más adelante el otro lado, de vuelta.
Para ello debemos cazar en primer lugar el lado que más facilidad tenga para albergar conejos fuera del cauce del arroyo, y avanzar nosotros lo más discretamente posible, para ver a los conejos que se arranquen hacia el arroyo, y a los que trastean en las inmediaciones disfrutando de la temperatura que no será elevada.
9. Un buen cartucho
Busquemos un buen cartucho, fiable, cómodo, práctico, suave, adaptado a las condiciones generales de tiro que tengamos por término medio en nuestro coto y zona donde cazamos habitualmente. Hasta aquí las generalidades que hemos leído o escuchado en varias ocasiones, pero hay que afinar más y hay que hacerlo porque podemos cazar mejor.
Ahora no hacen falta grandes cargas, ni cartuchos de perdigón muy grueso salvo situaciones muy concretas —recechos largos—, todo lo que necesitamos es un buen cartucho de caza que pare bien a los conejos, evitando que se nos vayan algunos heridos o tocados, pues sin perro será complicado cobrarlos.
Cartuchos que abran muy bien a distancia media, de 30 gramos y perdigón de séptima, para asegurar el lance, estos son los que mejor nos van a servir para cazar al salto y en mano en terrenos de buen tiradero; si se complica porque el tiradero es algo más largo, pasamos a 32 gramos también de séptima. Pensemos que los cartuchos de 32 cierran algo más el disparo.
Esto hay que tenerlo en cuenta porque si tiramos cerca con esta carga, y salvo que empleemos cartuchos con taco de fieltro o de plástico sin copa contenedora, vamos a fallar más de lo debido. En estos casos siempre 30 gramos, y si es siempre muy cerca, perdigón de octava, blando a ser posible, para parar mejor a los conejos. Tirar con 34 —abren más que los de 32...— o 36 gramos es tirar cartuchos fuera de lógica para las necesidades, y salvo terrenos muy complejos, nunca debemos recurrir a tirar cargas pesadas, menos cuanto más disparos peguemos en la jornada, pues con 30-32 gramos y jugando con los chokes, obtendremos mejores resultados. Además, con el calor, los cartuchos se vuelven más «pegones».
10. El equipo conejero
Ropa ligera siempre, y si podemos, nada de chaleco. Menos aún si es el chaleco que tenemos para cazar en otoño e invierno, pues el calor pasa factura restándonos efectividad con peso innecesario y con ropa de más; colores adaptados al entorno, y ante la duda, colores poco claros, nos confundiremos mejor en el entorno con colores marrones claros o verdes, que con un pantalón vaquero y una camiseta blanca.
Lo importante es poder cazar todo el tiempo que queramos, incluso hasta media mañana o hasta mediodía en mañanas no demasiado calurosas, pues casi siempre nos vamos a las nueve y media de la mañana, y si cazáramos dos o tres horas más no sólo obtendríamos mejores resultados —habitualmente—, sino que aprenderíamos mucho sobre la querencia de los conejos cuando se encaman.
Cazando en brozas y monte bajo resultan interesante unas polainas ligeras para evitar que nos entren pinchos en las botas, pues tarde o temprano entran y son un fastidio; de todas formas, en verano podemos prescindir de botas con membranas protectoras ante la humedad y la lluvia, y decantarnos por botas de caña alta, ligeras y de suela de media dureza, para poder cazar en monte y llano sin problemas.

jueves 10 de marzo de 2011

CAZA DE JABALI AL ACECHO

CAZA DEL JABALÍ AL ACECHO.





De las diferentes modalidades para la caza del jabalí que existen, todas poseen particularidades que les otorgan un marcado estilo propio y que las hace únicas. Texto: Daniel Stilmann.







La selección de la técnica depende del tipo de terreno, la cantidad de cazadores, la participación de perros, las leyes del país y las preferencias personales del cazador.



Un animal como éste no llega a grande por descuidado. Cuando la cacería es uno a uno, las mejores chances para abatirlo las otorgará un buen aguardo, montado como corresponde.



Dejaremos aquí de lado las técnicas de caza corporativas tales como las batidas y aquellas en las que se emplean perros de rastro y agarre y concentrémonos en los lances en las cuales el cazador enfrenta a solas a su presa.



El acecho, aguardo o emboscada, la más común de las técnicas requiere paciencia, resistencia a las inclemencias climáticas y, por sobre todas las cosas, no es para personalidades ansiosas.



La caza con perros y cuchillo o con armas de fuego exige coraje, habilidad en el manejo del cuchillo y un buen estado físico, además de tener sólidas nociones de equitación en los casos en que se emplea caballería, mientras que el rececho, la forma menos común de cazar suidos, demanda astucia, conocimiento y persistencia. A pesar de sus diferencias todas ellas poseen algo en común; son apasionantes.



El acecho, el tópico que nos preocupa hoy, consiste en algo más que apostarse en el primer lugar de nuestro agrado, esperando que la suerte nos regale un padrillo de aquellos. Aguardar exige del cazador saber como, cuando y dónde apostarse, y en particular como sobrevivir las condiciones del aguardo, que puede ser prolongado, en ocasiones bajo condiciones climáticas adversas.



No cualquier lugar es bueno para armar un apostadero. Hacerlo, por simple que parezca, tiene sus secretos. No menos importante es el poseer una noción cabal de cuando y hasta cuando apostarse. A esto se le suma el hecho de que el jabalí es capaz de desplegar una asombrosa cantidad de trucos para evitar caer en una emboscada, trucos y mañas que el cazador debe conocer para poder anticipar sus movimientos y evitar el esquinazo.





USANZAS Y MODALES DEL JABALÍ.





Comencemos analizando el comportamiento de nuestro invitado de honor, el jabalí, responsable por más de una noche de frío y ansiedad en tierras inhospitas.







Basados en su comportamiento, intentaremos diseñar una estrategia de caza coherente.



Clásico cebadero montado con maíz sobre una pequeña charca. El apostadero sobre uno de los árboles en el fondo es apenas perceptible.



Sus scrofa, jabalí, macareno, guarro, puerco, jabalín o simplemente chancho, como se lo conoce en distintas latitudes, es un animal lleno de virtudes. Entre las más notorias tenemos las siguientes; taimado, rencoroso, paciente, audaz, ágil, tozudo, inteligente, valiente y desconfiado, pero por sobre todas las cosas, con un olfato y oído como para hacer palidecer los nuestros. De lo único que carece es de una visión nocturna de águila, pero se supone que la diurna no es tan mala como se suele decir.



Su hábitat preferido es el de los montes bajos, de hojas caducas, achaparrados y sucios por debajo. En este lugar el jabalí es rey, pero no desprecia otras áreas inaccesibles y de poca o ninguna densidad humana como los bajíos y cangrejales, donde se alimenta de bulbos de plantas acuáticas, crustáceos y peces.



En este tipo de territorios encuentra protección durante el día, al igual que comida. Si dentro del monte existen fuentes de agua es probable que el animal nunca abandone el lugar. Si lo hace será de noche, y sólo por motivos valederos para él como comer, beber, asearse en un revolcadero ó por la presencia de una hembra en celo. Estos dos datos deben de ser tenidos muy en cuenta, ya que forman los pilares de la estrategia de la caza de acecho.



El peso del jabalí en Argentina no supera los 120 kilogramos, que es el peso máximo de sus antecesores españoles, de dónde deriva. El peso promedio de un macho puro y bien desarrollado ronda los 90 kilogramos. Cuando el limite superior es excedido significa que probablemente no estamos en presencia de un animal puro, si no de un mestizo producto de la cruza con cerdo domestico, lo cual ocurre con frecuencia, y que se conocen con el nombre de Sus Scrofa Domestica.



Estos animales son comunes en el área de la costa bonaerense de la Bahía de San Borombón, por lo que se los denomina chanchos costeros, y tambien en la zona de Gualeguaychu, Entre Ríos, pero se los puede hallar en casi todo el territorio argentino y han sido reportados ya hasta el otro lado de la frontera con Brasil.



Suelen alcanzar verdaderos records de peso y tamaño de defensas, superando los doscientos kilogramos, pero es casualmente ese peso, y los colores anormales de su pelaje, que puede presentarse hasta con manchas, lo que delata su origen mestizo.





HÁBITOS DE ALIMENTACIÓN.





El jabalí es un verdadero omnívoro capaz de ingerir raíces, bulbos, frutas de cualquier tipo, granos de trigo, maíz, cebada y avena, hortalizas y otros animales, vivos o muertos, incluyendo insectos, víboras, peces y crustáceos.







Esto debe de ser tenido en cuenta en todo momento, ya que todos aquellos lugares donde se encuentren estos potenciales alimentos son aptos para montar un acecho.



Apostadero aéreo rústico apto para cérvidos y suidos. Las paredes laterales son importantes para ofrecer alguna seguridad al cazador, y para minimizar sus movimientos.



La evolución del color de pelambre del jabalí es la siguiente. Hasta los seis meses de edad presentan un color rojizo a rayas blancas, color del cual deriva el nombre de rayones. Luego sus cerdas se van tornando rojizas, y al año pasan a ser lo que se conoce como bermejos. De allí en mas su pelambre comienza a tornarse mas obscura hasta alcanzar su color definitivo que puede ser negro, marrón obscuro, gris con la punta de las cerdas mas claras o de una tonalidad color canela. En todos los casos las cerdas del lomo son mas obscuras que las del resto del cuerpo.



El diseño anatómico del jabalí le da la apariencia de un robusto cilindro de punta cónica montado sobre cuatro fuertes y cortas patas, con un poderoso tren delantero y anchos hombros, rematado por una aguda jeta. Todo el conjunto se halla recubierto de una piel gruesa y resistente en comparación al tamaño y peso del animal.



La mayoría de los cazadores tiende a pensar que el jabalí presenta una resistencia anormal al impacto, lo cual es un error. Sí bien los machos presentan un engrosamiento de la piel en la zona pectoral, del cuello y de los hombros, el mismo es incapaz de oponer una resistencia coherente a cualquier proyectil moderno. El jabalí esta considerado desde el punto de la caza mayor como un miembro mas del grupo de los animales de piel blanda y no peligrosos.



Si bien este adefesio de la naturaleza nunca ganará premio alguno en concursos de belleza, su extravagante diseño es muy conveniente para lograr un desplazamiento rápido dentro de lugares sucios. Cuando es necesario cubrir terreno sucio rápidamente, el jabalí simplemente busca los matorrales más densos y si es posible con espinas, apunta hacia delante y horada una túnel, dejando atrás, cansado y malherido, a cualquier perseguidor, ventaja que emplea sabiamente buscando las zonas más impenetrables para residir. Por ello, y porque rara vez se deja ver durante el día, intentar atraparlo al rececho, o de a pié y sin perros en estos lugares tiene un destino incierto, por no decir que es una pérdida de tiempo.



El jabalí tiende a desplazarse siempre bajo cobertura y con las sombras. Su estrategia consiste en moverse despacio, utilizando en todo momento el viento para detectar el peligro, y con su oído funcionando en el máximo grado de alerta. En estos dos sentidos esta basado su sistema de detección del peligro, ya que si bien su visión diurna no es mala, la nocturna deja mucho que desear.



Siempre se dijo que los suidos poseen una mala visión. Ultimamente se ha cuestionando esta idea, y se piensa que la visión diurna de estos animales puede ser similar a la del humano.



Esta estrategia de detección del peligro y evasión, si bien altamente efectiva, presenta puntos vulnerables; el hambre y/ó el deseo sexual, y el hecho de que el jabalí depende de la emisión de olores ó sonidos por parte de sus enemigos para poder detectarlos. Y estas fisuras son las que se pueden aprovechar a favor. Pero para ello es preciso poder atraerlo hacia un lugar abierto utilizando algún señuelo, donde la ventaja visual esté de lado del cazador, apostándose fuera del alcance de su olfato y oído.






10 CONSEJOS PARA EL CAZADOR DE CONEJO

10 consejos para cazar conejos en verano
En muchas áreas de caza se ha constatado en los últimos meses un aumento notable en las poblaciones de conejos, con una extraordinaria capacidad repobladora en zonas concretas, caso del sur de Córdoba, donde los daños a la agricultura son muy importantes, y donde este año se ha acusado en gran medida en los viñedos. Como ahora estamos en periodo hábil para cazar conejos, en esta temporada conejera de verano cada vez más habitual y extendida, no está de más pensar en algunos consejos para poder sacar un partido, suficiente a cada una de nuestras salidas al campo, con la escopeta y cartuchos suaves.
¡Al campo!, por fin llegó la fecha esperada para poder salir a vivir las primeras  jornadas de caza de esta nueva  temporada, y lo vamos a hacer con los conejos, en unos lances vibrantes, siempre inesperados, vibrantes, atractivos y muy dados al disfrute visual por el entorno en el que vamos a cazar, y por hacerlo habitualmente en las horas menos calurosas del día.
Aquí no salimos a «recolectar» conejos, sino a abatir los que el campo, buenamente, nos proporcione en cada jornada.
Tres modalidades protagonistas en esta primera fase de la temporada, recechos, esperas y caza al salto, van a llevarnos a unos parajes o a otros, buscando la llegada al tiradero de unos cuantos conejos que regresan de sus correrías nocturnas, acercarnos a los que se solean a primera hora en el borde del monte con el llano o tirar a los que se arrancan a nuestro paso.
Y por supuesto, la caza de conejos en verano con nuestros canes, donde excelentes perros de muestra van a dejar claro que tirar media docena de conejos  a perro puesto es un verdadero lujo.  Aquí van, pues, diez consejos, para cazar mejor en estas próximas salidas.
1. ¿Cuántos? Los que el campo diga
Muchos aficionados piensan que la temporada de caza en verano, o de desconeje como se conoce popularmente en muchas zonas, supone lograr grandes perchas a costa de los conejos nuevos y poco castigados por perros y cazadores, que suelen salir fácilmente de cara a un disparo productivo.
Aquí cabe un consejo que creo es bastante práctico: no salgamos con la idea fija de lograr un mínimo de tantos o cuantos conejos, esto hace que arriesguemos los disparos cuando no saltan como quisiéramos, hiriendo conejos que luego resulta complicado cobrar. Nunca pasemos de los conejos a los que podemos tirar a buena distancia y en buenas condiciones, no queramos hacer piruetas con los disparos, ni parar conejos a toda vista fuera de tiro. Aquí no salimos a «recolectar» conejos, sino a abatir los que el campo, buenamente, nos proporcione en cada jornada.
2. Cazar despacio siempre atentos
Gran error caminar, paseando por el campo, pensando que el conejo va a salir siempre pisado, en la mata mejor orientada, y ante un claro cómodo para el disparo. O cazamos, o paseamos, pero no siempre estas dos opciones se llevan bien cuando lo que buscamos es llevar unos conejos a la percha.
Ya sabemos que de casualidad, un conejo se arranca donde menos te lo esperas, y que incluso ese día que estás cazando distraído, con la cabeza en otro sitio, te cuelgas media docena como quien no quiere la cosa, pero la intención y estar centrados resultan indispensables para poder sacar partido a la temporada veraniega del conejo. Importante es cazar a ritmo lento, no como solemos hacer muchas veces, que parece que llevamos un bando de perdices delante en una ladera en noviembre. Cazando conejos ahora hay que darse prisa cuando la zona es intrincada, con caras escasas de vegetación, y dependemos de las asomadas que ya conocemos, entonces no hay que perder tiempo y elevar el ritmo.
3. Dominar el tiradero
En línea con los comentarios anteriores, hay que insistir en que no hay que decantarse por pasear, por visitar zonas «bonitas» y esperar a que un conejo salte cerca. Podemos dar un paso más, y analizar rápida pero efectivamente un paraje determinado antes de entrar a cazarlo, pues en esta caza es fundamental «ver» el cazadero, y acertar con los disparos. Por ello hay que buscar zonas desde donde controlemos a los conejos que se mueven por lo más bajo, o a los que despacio se van escurriendo hacia arriba, pues las matas a veces nos dejan ver de arriba hacia abajo, pero resultan más problemáticas si vamos cazando por abajo en una zona de ladera o alguna pendiente.
Cada paraje tiene su tiradero, y debemos situarnos de la mejor manera posible para controlar los claros y los pasillos en el monte, y las parcelas de brozas en el llano, pues por ejemplo, avanzando justo por una lindera controlamos a derecha e izquierda, pero si vamos a quince metros de esa misma lindera, los conejos que se muevan por el otro lado se irán sin que los descubramos.
4. Tirar a buena distancia
En la temporada de caza de conejos en verano casi todos solemos tirar precipitados y dominando poco las distancias en las primeras jornadas. Y eso quienes cazan varios días, porque quienes a lo sumo salen a cazar en un par de ocasiones en estas fechas —cacerías contratadas—, no llegan a coger bien la distancia ni el ritmo de tiro que esta pieza exige. Nunca nos precipitemos. Raro es que estemos cazando en una zona tan enmarañada como para tener que tirar súper rápido: encarar mal y aculatar inadecuadamente hace que fallemos «inexplicablemente» y esto redunda en los siguientes lances, fallando mucho más de lo normal.
Los conejos que se nos arranquen a media distancia dan un momento para encarar y enfilar bien la pieza. Lo demás es adelantar lo justo, poco, pues no suelen ir muy rápidos, y disparar. Así que nada de tirar con la cara levantada ni tres disparos en ráfaga sin sentido. Un disparo bien realizado es un conejo abatido, y tenemos tiempo sobrado casi siempre.
En esperas y recechos hay que tirar siempre a distancia lógica, nada de ensayos a larga distancia, pues herimos a más de uno que no podremos cobrar. Recechando hay que abusar de los chokes más bien cerrados para asegurar conejos algo largos —no está de más montar ** y * en escopetas de dos cañones, ** en semiautomáticas—, y en las esperas, calcular bien la distancia entre el puesto o escondite, y la «plaza» donde entran los conejos, procurando levantar un poco la punta del cañón para evitar tiros rastreros y bajos por asomarnos en exceso al apuntar a un conejo casi quieto.
5. ¿Seleccionar el conejo?
Deberíamos hacerlo siempre, y ello por varios motivos; veamos, si cazamos para evitar mayores daños a la agricultura, mejor abatir los conejos adultos que los gazapos, ¿no? A la vez, si cazamos de forma lógica, con un cupo o con el criterio de que debemos dejar suficientes conejos en la zona para el resto de la temporada y para garantizar una buena densidad, ¿a qué viene abatir esos gazapos pequeños que a veces vemos en los cinturones o al vaciar el morral?
A este respecto hay quien dice que cuando un conejo se te arranca, no sabes si es grande o pequeño, tiras y ya está, pero no es así. Es como quien dice que no puede diferenciar, en la media veda, una codorniz de un pollo de perdiz... Hay que cuidar y fomentar una buena ética cazadora.
Cazando al salto se aprecia perfectamente el tamaño de los conejos, cabe la salvedad de que tiremos en zonas muy cerradas de monte bajo y viendo al conejo cruzar entre las matas, sin ver su volumen real; pero quitando estos casos, en una parcela en el llano, o cazando en una ladera o en bancales, se ve claramente el conejo y su tamaño.
En una espera no hay nada más que decir, se sabe a la perfección a qué conejo debemos tirar. y de hecho, en más de un caso se mueven dos o tres juntos, y vemos cómo tienen diferente tamaño, debiendo apuntar siempre al más grande; recechando ocurre igual, si queremos no hay problema alguno a la hora de diferenciarlos.
6. Atentos a laderas y bancales
El monte depara más oportunidades de lo que muchos piensan, pues de forma a veces equivocada hay bastantes cazadores que cazan solamente el llano en estas fechas de verano, huyendo del monte por dos motivos: por la dificultad del disparo con las matas, y porque hay que estar subiendo y bajando...
El monte bajo, la falda de un cerro, la ladera de una sierra, ir repasando la franja del monte que linda con los cultivos o con el llano, depara lances vibrantes y muy variados que a menudo nos pueblan la percha con cuatro o cinco conejos logrados a base de tesón y conocimiento del cazadero.
La ladera siempre hay que cogerla con la brisa de cara, procurando no hacer ruido en exceso, atentos a primera hora a los conejos que se muevan solos, sobre todo por la zona más baja, pues aún no estarán encamados; más tarde será buen momento para repasar las vaguadas donde se meten a sestear en retamas y aulagas, pues tiraremos a muy buena distancia, debiendo repasar el cazadero lentamente. En zonas de bancales hay que ir avanzando muy atento para poder controlar el tiradero de los bancales inferiores, pues de los más altos tendremos poca perspectiva. Como mucho veremos a algún conejo arrancarse hacia arriba, y nos dejará tirar en la subida entre un bancal y otro.

7. Cazando en la sombra
Esto suena a media mañana, a un calor espantoso y a unas ganas locas de beber agua fresca, ¿verdad? Pues no, a media mañana los buscaremos donde están encamados, no donde a nosotros nos gustaría refugiarnos...
Hay que aprovechar las zonas de umbría a primera y a última hora, pero sobre todo por la mañana, ya que los conejos aquí aguantan más tiempo antes de encamarse en zonas complicadas, y nuestra presencia se disimula mucho mejor que en las zonas soleadas. Pensemos que con acierto en la indumentaria, nos confundiremos con el entorno en cuanto nos detengamos en una cara de sombra eh una ladera, atentos a los conejos que se muevan cerca.
Entrando temprano por lugares donde hay majanos, hay que aprovechar cuando el sol no ha arrancado aún, pues luego será difícil encontrar conejos fuera. Es algo que también ocurre en las parcelas de olivares, ya que en cuanto el sol aprieta, se sube y las chicharras comienzan su concierto, los conejos reculan en los chuecos, y tiraremos pocos.
Por la tarde conviene repasar las zonas metidas en sombra que lindan con los cultivos, pues muchos conejos estarán sesteando cerca, y se comienzan a moverse para entrar a comer al rato, por lo que aprovecharemos más lances que en pleno monte. Igual ocurre con los arroyos, si podemos cazar en paralelo y amparados por una zona donde no destaquemos, tiraremos más conejos que si vamos a la vista de ellos.
8. El arroyo, en mano
Los arroyos y las linderas con tarayes y otros arbustos tienen siempre conejos, esto está claro, y basta recorrer de forma previa a la apertura de la temporada las zonas aledañas, sobre todo si están sembradas, para percatarnos de la cantidad de daños que ocasionan los rabicortos por allí.
Tanto si cazamos sin perros, como si lo hacemos a partir de la fecha en que su ayuda se autoriza, los arroyos siempre hay que cazarlos en mano, con otro compañero, siempre que los arbustos tapen el tiradero del otro lateral, pues hay arroyitos pequeños que tienen conejos, y se pueden cazar por una sola escopeta.
No resulta conveniente ni prudente, cazar solo por un lateral del arroyo cuando no vemos la salida de los conejos hacia el otro lado, pero hay un pequeño truco que funciona bien, sobre todo a primera y a última hora del día: cazar retirados del arroyo, primero un lateral, más adelante el otro lado, de vuelta.
Para ello debemos cazar en primer lugar el lado que más facilidad tenga para albergar conejos fuera del cauce del arroyo, y avanzar nosotros lo más discretamente posible, para ver a los conejos que se arranquen hacia el arroyo, y a los que trastean en las inmediaciones disfrutando de la temperatura que no será elevada.
9. Un buen cartucho
Busquemos un buen cartucho, fiable, cómodo, práctico, suave, adaptado a las condiciones generales de tiro que tengamos por término medio en nuestro coto y zona donde cazamos habitualmente. Hasta aquí las generalidades que hemos leído o escuchado en varias ocasiones, pero hay que afinar más y hay que hacerlo porque podemos cazar mejor.
Ahora no hacen falta grandes cargas, ni cartuchos de perdigón muy grueso salvo situaciones muy concretas —recechos largos—, todo lo que necesitamos es un buen cartucho de caza que pare bien a los conejos, evitando que se nos vayan algunos heridos o tocados, pues sin perro será complicado cobrarlos.
Cartuchos que abran muy bien a distancia media, de 30 gramos y perdigón de séptima, para asegurar el lance, estos son los que mejor nos van a servir para cazar al salto y en mano en terrenos de buen tiradero; si se complica porque el tiradero es algo más largo, pasamos a 32 gramos también de séptima. Pensemos que los cartuchos de 32 cierran algo más el disparo.
Esto hay que tenerlo en cuenta porque si tiramos cerca con esta carga, y salvo que empleemos cartuchos con taco de fieltro o de plástico sin copa contenedora, vamos a fallar más de lo debido. En estos casos siempre 30 gramos, y si es siempre muy cerca, perdigón de octava, blando a ser posible, para parar mejor a los conejos. Tirar con 34 —abren más que los de 32...— o 36 gramos es tirar cartuchos fuera de lógica para las necesidades, y salvo terrenos muy complejos, nunca debemos recurrir a tirar cargas pesadas, menos cuanto más disparos peguemos en la jornada, pues con 30-32 gramos y jugando con los chokes, obtendremos mejores resultados. Además, con el calor, los cartuchos se vuelven más «pegones».
10. El equipo conejero
Ropa ligera siempre, y si podemos, nada de chaleco. Menos aún si es el chaleco que tenemos para cazar en otoño e invierno, pues el calor pasa factura restándonos efectividad con peso innecesario y con ropa de más; colores adaptados al entorno, y ante la duda, colores poco claros, nos confundiremos mejor en el entorno con colores marrones claros o verdes, que con un pantalón vaquero y una camiseta blanca.
Lo importante es poder cazar todo el tiempo que queramos, incluso hasta media mañana o hasta mediodía en mañanas no demasiado calurosas, pues casi siempre nos vamos a las nueve y media de la mañana, y si cazáramos dos o tres horas más no sólo obtendríamos mejores resultados —habitualmente—, sino que aprenderíamos mucho sobre la querencia de los conejos cuando se encaman.
Cazando en brozas y monte bajo resultan interesante unas polainas ligeras para evitar que nos entren pinchos en las botas, pues tarde o temprano entran y son un fastidio; de todas formas, en verano podemos prescindir de botas con membranas protectoras ante la humedad y la lluvia, y decantarnos por botas de caña alta, ligeras y de suela de media dureza, para poder cazar en monte y llano sin problemas.
 
 

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